Ninfómana, prostituta, lujuriosa. Valeria Mesalina, emperatriz de Roma, pasó a la historia asociada a estas palabras. Con unos quince años de edad se casó con Claudio, quien ni siquiera estaba en la línea de sucesión del trono imperial. De hecho Claudio era el tío de Calígula, así que no era precisamente un descendiente de éste. Por eso es lógico pensar que Mesalina, aunque ambiciosa, no imaginaba que llegaría a ser emperatriz. Sus opciones eran mínimas, remotas o directamente inexistentes. Pero para sorpresa de todos la guardia pretoriana nombró emperador a Claudio en el año 41. Y Mesalina, su mujer, se convirtió en nueva emperatriz de Roma.
Nuestra protagonista demostró entonces ser una mujer harto ambiciosa. A diferencia de Livia, la mujer de Augusto que transmitió la imagen de mujer casta y obediente, Mesalina se entregó a la lujuria y a la ambición sin límite. Hoy la leyenda de Valeria Mesalina es tal que incluso da nombre al 'mesalinismo', esa seducción que una mujer ejerce sobre un varón para que éste sirva a sus propósitos. Pero, ¿qué hizo exactamente Valeria Mesalina para ganarse semejante reputación?





